El otro día alguien mandaba un mensaje por el Twitter en el que aseguraba que Zapatero nos ha humillado a las personas de izquierdas. Inmediatamente saltaron varias personas negando tal humillación, hablando más bien de equivocaciones, errores e incluso, en el peor de los casos, traiciones al ideario socialista, pero casi todos los mensajes opinaban que “humillación” es un término demasiado fuerte. Yo creo, por el contrario, que tal humillación es real, existe y que es, además, uno de los aspectos más dolorosos de este final de ciclo del PSOE. Efectivamente, al hablar de humillación no me refiero a la política económica o social, que podrá calificarse de neoliberal, de equivocada e incluso en el peor de los casos de constituir una traición a sus electores o al ideario de izquierdas.
Humillación es otra cosa, humillación es algo que se adentra en la dignidad de las personas, en la memoria o la historia sentimental de cada uno/a. La humillación muerde en lo emocional, en lo más íntimamente personal y es ahí donde algunas personas nos hemos sentido profundamente humilladas por el gobierno Zapatero. La humillación hiere en lo más profundo y de ahí que los vencedores en las guerras no suelan contentarse con vencer, sino que consideren necesario humillar a los vencidos. En esas estamos, todavía.
Me refiero en concreto a dos cuestiones que en las últimas semanas nos han dolido especialmente a los miles, quizá millones de personas, que vivimos la cuestión de la laicidad y de la memoria histórica como una cuestión personal, aunque desde luego también política; como una cuestión que tiene que ver con nuestra dignidad como país pero que también afecta a nuestra dignidad de ciudadanos/as. Sobre la visita del Papa ésta podía haberse celebrado sin necesidad de humillar públicamente a quienes creemos que la Iglesia es una organización reaccionaria que justifica o aumenta el dolor y la injusticia que ya existe en el mundo; una organización que es cómplice de quienes producen tal dolor. No voy a extenderme. Esta visita ha sido una humillación para los laicistas de principio a fin. No ha sido una manifestación legítima de la fe personal de muchos ciudadanos, sino que se ha planteado para demostrar la rendición total del estado supuestamente laico. El PSOE ante la visita se ha declarado vencido y ha puesto al estado aconfesional a los pies del Papa. Y la Iglesia nos ha pasado por encima, han ocupado todos los espacios comunes, han logrado dinero y prebendas sin igual, atención mediática y política suficiente como para demostrarmos a todos que los ciudadanos y ciudadanas que luchamos por la laicidad y la aconfesionalidad del estado, no somos nada; mierdecilla, Ciudadanos/as de segunda. Aquí quien manda es la Conferencia Episcopal.
La segunda cuestión, que no merecerá en ningún periódico el mismo espacio que las primas de riesgo, es la inacaba cuestión de la Guerra Civil y los vencedores y los vencidos, que es como decir, los liberticidas y los demócratas. Viéndose ya ganadores (ganaron la guerra, pero ahora también las elecciones) el PP se ha despojado de cualquier careta y ha decidido vencer y humillar que es lo que siempre han hecho o se han quedado con las ganas de hacer. Ahora la magnitud de su victoria es tal que han decidido restregarnos que ganaron, que masacraron, que humillaron a los vencidos y a nuestras familias y a la misma democracia; y que además tenían razón y que si hoy tenemos democracia es porque las dictaduras ya no se llevan ni están de moda. Millán Astray es hijo predilecto de La Coruña, los alcaldes del PP vuelven a poner a las calles los nombres de los fascistas, de asesinos puros y duros, no escatimemos con la verdad. Melilla honra a uno cuyo principal mérito fue asistir al ajusticiamiento, al asesinato de Puig Antich (y la familia de Puig Antich, que se aguante). Las calles con nombres de falangistas sustituyen a las de los poetas como Neruda, porque a estos “no los conoce nadie”. El gobierno pide ayuda a la iglesia para decidir que hace con ese engendro fascista que es el Valle de los Caídos etc. y Bono dice en el Congreso que los dos bandos fueron iguales.
Sí, desde luego que es una humillación en toda regla. Me dicen que el PSOE no tiene la culpa, que quien cambia el nombre a las calles es el PP. Es cierto, pero el PP no engaña ni humilla a los suyos, sino que les da satisfacción. El problema es que si la ley permite que un asesino, un golpista, un fascista, sean honrados públicamente a estas alturas, entonces está claro que este gobierno, que lleva casi 8 años en el gobierno y que no ha sido capaz de evitar que esto se produjera es igualmente culpable. Culpable ante los demócratas; y que no nos vengan con cuentos. Porque la verdad es esta: pasaron y vencieron y gracias a la complicidad de este gobierno, cada día que pasa ocupan más espacio. Incluso los más íntimos. Este es un ejercicio inusitado en Europa y no sabemos cómo puede acabar. Me pregunto si la Gran Vía llegará a llamarse Avenida de José Antonio algún día, pero, pero visto lo visto, y como no lo evitemos, no me extrañaría.

About Beatriz Gimeno

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Llevo toda mi vida ligada al activimo social, primero al feminista, luego al activismo por la diversidad sexual, por las personas con discapacidad, a la lucha por el laicimo, también estoy desde hace mucho en la lucha sindical. Estoy convencida del poder de la sociedad en su conjunto y de las personas concretas para cambiar el mundo. No necesitamos que nos den permiso, sólo necesitamos ponernos a ello, a trabajar, y en ello estoy.

 

Una respuesta a De humillaciones

  1. [...] de constituir una traición a sus electores o al ideario de izquierdas. Entrada completa: Equo: http://equolumnistas.proyectoequo.org/2011/09/06/de-humillaciones/ Compartir:Correo electrónicoTwitterFacebookDiggRedditImprimirLike this:LikeBe the first to like [...]