Ya que no vivimos tiempos revolucionarios” dice Albert Camus, “aprendamos al menos a vivir el tiempo de los rebeldes”

Toda mi vida he ido de acampada y muchos de mis mejores recuerdos son y siguen siendo los que he compartido entre tiendas de campaña, sacos de dormir y desayunos calentados en el camping gas y compartidos con los huesos entumecidos tras noches frías y húmedas. Noches de albergues de montaña, noches de vivac al raso, noches pasadas por agua y viento, acampadas masivas, en acantilados irlandeses, en lagos finlandeses, en campings polacos, en estaciones de tren abandonadas, en riberas de ríos, en la base de montañas de cumbres inalcanzables, en la otra parte del mundo, noches con amigos e incluso ahora noches en campings compartidas en familia con bastantes más comodidades de las que uno estaba habituado.

¡Acampar acampar, acampar queremos! Fue una canción cantada en la Plaza Mayor de Madrid en un desfile de carnaval ya lejano cuando, entre grandes carrozas comerciales, disfraces de diseño, lentejuelas y lujo, un grupo de personas conseguimos colar oficialmente nuestra comparsa y nos manifestamos delante del alcalde (en aquel entonces Álvarez del Manzano) con un coche que llevaba una tienda montada en el techo y un montón de gente de un grupo scout del barrio –Carabanchel- niños y niñas incluidos reivindicando la derogación de la ley que prohibía la acampada libre en la Comunidad de Madrid.

Acampada de gran recuerdo, por lo duro del suelo, los salvajes ruidos nocturnos, los amigos hechos en ella y el motivo que allí nos juntaba fue la acampada del 93 en la Castellana de Madrid, frente al Ministerio de Economía, reivindicando el 0’7% de los presupuestos para cooperación. Allí inventamos el slogan 0’7 YA, se celebró la huelga de hambre de Pablo (Osés) y Juan Luis (Herrero), cientos de personas durmiendo, organizando, festejando, resistiendo, pidiendo…Allí hice buenos amigos, compañeros en este viaje infinito, pasé noches cantando y hablando, fregando cacharros y ayudando en cocina, y algunos días, recién despertado por los autobuses del carril bus que pasaban a menos de 3 metros de mi oreja, me aseaba, me disfrazaba con la corbata y el traje que por aquel entonces me exigía mi trabajo y me iba a trabajar. Por la tarde, breve parada en casa, reponer fuerzas, ducharse, coger una muda y a la calle de nuevo.

Ahora un montón de ciudadanos y ciudadanas indignaos, reivindicadores y reivindicativos, cabreados con lo que está pasando y que llevamos tiempo sufriendo (y denunciando) están acampados en Sol pidiendo democracia real ya! (los lemas son diversos: no con mi voto, no nos callarán, no les votes…faltan algunos como no trabajes para ellos, no les compres, no especules, pero tiempo al tiempo)…. Yo no estoy acampando con el cuerpo pero me he pasado algunos ratos por allí, más bien de observador, lo reconozco, y comparto en espíritu, ganas, ilusiones, luchas y anhelos todo lo que allí se está cocinando. Sé lo que es estar acampado en una ciudad como Madrid (Zaragoza, Barcelona…) con la mosca detrás de la oreja de que en cualquier momento vengan y te desalojen. Se acampa pero no se duerme, se organiza, se comenta, se debate, se grita –bajito que es de noche- se discuten y proponen alternativas. Se acampa y se ocupa un espacio público para expresar que hasta aquí hemos llegado. 3 días, 7 antes de unas elecciones nada movilizadoras, poco ilusionantes, llenas de promesas vacías, políticos profesionales del engaño, la corrupción y la lucha por los intereses propios. Algo así nos cuenta Carlos Fuentes en su libro La Silla del Äguila: Que a la política se llega con y por ideales y que al final te corrompe y corrompes. Días antes de unas elecciones en las que ninguno de ellos me ilusiona, ninguno de ellos me parece constructor de un mundo distinto, ninguna oferta electoral (hasta el lenguaje se mercantiliza) me convence para construir aquí el mundo con el que sueño muchos que piensan y sienten como yo han salido a decirlo, a gritarlo y a organizar la resistencia. Quizás, señor Camus, sí estemos viviendo tiempos revolucionarios. Del mayo del 68 parisino al mayo del 2011 madrileño, tras los adoquines sigue estando la arena de la playa, y es necesario volver a pedir lo imposible.

Y por todo eso, precisamente, CREO QUE NO SE ESTÁN ENTERANDO. Ayer oía las declaraciones de Valeriano Gómez Ministro de Trabajo del gobierno socialista: “me encuentro más cerca que lejos de los del 15-m”; Carme Chacón ha dicho algo muy parecido ayer. Fernandez Toxo y Méndez (Comisiones Obreras y UGT) dicen en Bruselas “Esto debe ser liderado por un sindicato fuerte como pasó en Atenas; animamos a los jóvenes a sindicarse”. Claudio Boada, presidente del Círculo de empresarios “comparto las protestas: no estoy en Sol porque soy empresario, pero esta situación es inaguantable”. Dolores de Cospedal y Esperanza Aguirre opinan que detrás de todo esto está el PSOE y la izquierda y llaman a cerrar filas tras ellas, a la vez que dicen que era de esperar teniendo en cuenta como está dejando Zapatero el país. Esta mañana (19-m), en una cadena de radio de ámbito estatal y marcada ideología de derechas (sí, a veces oigo lo que dicen estas radios) y entre risas y comentarios despreciativos, prepotentes y de mal gusto sobre cómo se acampaba (falta de higiene, promiscuidad debida a la juventud y las hormonas…) que esto del 15-M y lo de Sol era consecuencia de que a la “izquierda se le había roto el juguete. Por cierto que Cayo Lara (IU) ha dicho “participamos pero no queremos liderar este movimiento” NO SE ESTAN ENTERANDO DE NADA. Arriman el ascua a su sardina, se creen que todavía pueden ser portavoces del descontento y no sé están enterando de qué va todo esto. Buscan coincidencias entre alguno de los puntos manifiesto de Democracia real ¡YA! Con sus programas electorales para poder decir que ellos están básicamente alineados con los de Sol. Y que si no fuera por la campaña allí estarían. Por cierto, así de pasada comento el papelón de una Junta Electoral tratando de ponerle puertas al campo y prohibiendo la espontaneidad.

Dicen que los ciudadanos, al menos los de esta parte del mundo que está de arriba y hacia el Oeste en los mapas vivimos en democracia porque cada cuatro años depositamos un papelito en una urna que delega nuestra responsabilidad en unos señores y señoras que son los que saben lo que le conviene a nuestro territorio (sea país, ciudad, barrio o continente). La fatiga política que nos invade es fiel reflejo de que esto no es así. Nos han quitado la posibilidad de decidir y conocer, basándose en que la participación es compleja y es cosa que deben hacer nuestros representantes. Y además, hay que tener en cuenta que después de los sucesos de hace 10 años (11 de septiembre, 11 de marzo (e incluso antes pero ¡en fin!)) parece que “seguridad” va antes que “libertad” en el diccionario de algunos y que el respeto a los derechos humanos puede y debe ser matizado por esta sacrosanta seguridad. Parece como si una vez pasado el 22-m los ciudadanos volveremos a nuestra cotidianidad y serán los otros, los elegidos los que decidirán las cosas importantes, supuestamente en nuestro nombre. Nos gustarán más o menos, nos enfadarán, pero nos quedaremos sentaditos en casa (tranquilo majete en tu sillón que cantaban los Celtas Cortos hace unos añitos). Y sin embargo creo muy necesario retomar el concepto de miembro de la polis, de ciudadano participativo y enfrentar el mundo de la democracia real desde la participación cotidiana. Los presupuestos participativos, la militancia en asociaciones de vecinos, ecológicas y ecologistas, grupos de consumo, grupos de ahorro de proximidad, sindicatos, ONGs… la lucha por los derechos humanos desde las relaciones en el trabajo y el respeto a las minorías; salir a la calle y acampar para protestar, celebrar o denunciar y un largo etcétera son espacios a conquistar y a mantener para hacer de la democracia un verdadero lugar de participación, intercambio y respeto.

Y aun así el domingo ire a votar, sí ire a votar. A veces, cuanto más lejos es el ámbito (estatal, europeo), mas difícil me es acudir a las urnas, pero cuando de lo que se habla es de mi pueblo, de mis vecinos, de mi gente, no tengo dudas (además, voy de nº 9 en una lista). Creo que no podemos ni debemos dimitir de nuestro derecho/deber a votar, entre otras cosas porque si no lo ejercemos son capaces de quitárnoslo por falta de uso. Se lo debo además en cierta manera a la generación que vino antes de la mía y a tantas y tantas personas que a lo largo y ancho del mundo hacen un gran esfuerzo porque se pueda votar, cantar, decidir, reír, expresar y, en definitiva vivir en libertad. Quizás todas estas personas que lucharon por la democracia pensaban que ésta era otra cosa. Pensaron que luchaban por la participación del pueblo, de todos y todas, de cada uno de nosotros en las decisiones que realmente importan.

About Carlos Ballesteros

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Nací en Madrid, cosecha del 69. Fui a la Universidad donde me licencié en la Ciencia de la Casa (Ekos-Nomia) rama empresarial. No quise ser un yuppie y decidí seguir estudiando y aprendiendo, así que me quedé en haciendo la tesis doctoral. Luego hice un Master sobre economía social. Aquí sigo, en la Universidad, ganándome las lentejas con mis clases. Comencé a escribir para que otros me leyeran. En 2001 nació mi primer librito Marketing con causa, marketing sin efecto, criticando en él todas esas campañas que ofrecen leche, tabaco, refrescos…solidarios porque dan el 0´7 de sus beneficios a los pobres negritos. Luego vinieron artículos y libros sobre comercio justo, banca ética, consumo responsable...el ultimo es Tu Compra Es Tu Voto (2007, ed. HOAC). Luego de mi paso (15 años) por el movimiento asociativo juvenil, para no aburrirme, participé con otros cuantos en la aventura del restaurante de Comercio Justo Subiendo al Sur, fui secretario de la Coordinadora Estatal de Comercio Justo, fundé el GAP, Grupo de Apoyo a Proyectos de Economía al Servicio de las Personas... Mi aventura actual es ayudar a crecer junto a/con Marta dos proyectos: Martín y Miguel. Pero no nos quedamos sólo en ello. Viajamos por el mundo, hemos creado una Ongd de apoyo a un proyecto de niños con VIH en Kenya, participamos en otra de nombre Casal, estoy . Vivimos en la sierra de Madrid, en un pequeño pueblo a los pies de La Pedriza y tratamos de participar al máximo en su vida económica, política, social y cultural.

 

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